jueves, 19 de julio de 2012

Sonrisas en silencio.-

Ese extraño sentimiento a ratos siútico que te lleva al cielo y la burbuja se revienta y te estremeces entre langostas pellizcándote las ilusiones y los pensamientos. Las risas en el aire, en los recuerdos, en las caminatas y en las noches locas que van y no vuelven que se pierden en el tiempo de recuerdos, sin tormentos en silencio. El cuerpo no sabe si reír o atemorizarse. Son noches creativas conversando con la almohada y riendo con las historias de niña que no piensa en un futuro. Son palabras que inflan el pecho e historias de horas y des-horas, anécdotas que desaparecen junto a las sonrisas esporádicas porque se encuadran en el marco con destello sin anhelo de realidad, sin anhelo de posibilidad. Las casualidades que aparecen cuando no es momento de pajaritos ni sol brillando en tus ojos, en tus ideas, las casualidades que aparecen cuando no es tiempo de sumergirse en la naturaleza con guitarras sonando ni canciones al oído. De pronto se acaban las palabras, las anécdotas, las historias y las risas a carcajadas y flota la preocupación ahí adentro de tu cuerpo y la mente se lo cuestiona. Es raro, es siútico, cursi, suspiros, la silueta de en frente te integra a sus cuentos, su arte, su mundo y sus colores. Y la sombra se acorrala, se cuestiona la espontaneidad y la fluidez de las ideas y las buenas intenciones. La inestabilidad de la sombra por la bondad de esos ojos que brillan y esa boca que sonríe al verla. Lo ve la multitud, lo ve la cercanía pero no lo ven sus ojos, que aún son difíciles de descifrar porque quizás la sombra busca en un lugar donde no hay qué encontrar o quizás sí pero no hay retorno ni futuro para ese tesoro. Y lo extraño es que suspiras y vuelves a suspirar y las mejillas se inflan con una idea que no se ha de concretar porque no tiene un final feliz. De pronto el tiempo es relativo y las ideas sin pautas giran como remolinos y la realidad se cae como aluviones en invierno. Y entre otra risa, sacudón y cara seria, la sombra se vuelve a cuestionar los danzares de las palomas y los saltos de los grillos y no entiende por qué los ojos la integran a su mundo a su vida a sus ideas y proyectos con esa espontaneidad y bondad. Y el alma ríe y vuelve a sonreír y nada en los recuerdos de una noche pegajosa en las ideas, en los árboles y es confuso el peso de las raíces y la sombra no sabe si le pesa bastante más de lo que realmente fue, se cuestiona sí es correcto cuestionarse y sonreír a esa ilusión, no sopesa la realidad, sí el temor. Esa alegría extraña pero dulce, es mejor dejarla fluir entre los límites de la realidad y la conciencia y desbandada en la inocencia de los sueños. El cielo, la vida, la noche, la sombra no sabe cómo expresar la felicidad cuando las palabras ríen y cuando tu alma se llena de felicidad, felicidad imaginaria porque las sombras viven, disfrutan o sobrevuelan un mundo lejano pero cercano de dicha y alegría. La historia se ha armado con palabras y sonrisas, la historia no sabe si es historia o tiene hojas para ser contada, ni siquiera sabe si existe un puño que la quiera dar a conocer, porque la historia brilla y se espuma en los sueños y en la niebla. Y de pronto la confusión y las preguntas se desinflan y ahora solo se llama dicha, sin explicaciones, ilusiones ni por qué, las historias solo son dicha y espontaneidad. A veces es mejor no entender y sólo sonreír. P.A.-

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