domingo, 22 de septiembre de 2013

Evasión.-

El huracán arrasa con todo, los caparazones rotos ante a tus ojos sin destellos de cristal, lo perenne de los álamos se desintegra con la oscuridad, la rapidez y la destrucción, tú alma padece inmóvil y tus corazón paralizado ante el temor. Es ahí, cuando la destrucción es inminente, evidente y desfila despampanante con su corona al viento, burlesca, maestra, maestra del desastre. El qué hacer es evidente: respirar, enfrentar, actuar y caminar sin dudarlo, para allá, para acá pero no para atrás. Pero vas por el camino asfaltado evitando las piedras, el lodo y el polvo. La evasión se hizo para cobardes, lástima que son pocos los que aceptan ensuciar sus pies descalzos. Evadir porque sí, en círculos, perdidos en laberintos, enrollados como enjambres, reposados como estatuas inmóviles, hastiados por el ruido pero sin buscar silencio. Evasión interna, engañando tus sentidos, evasión externa, engañando los sonidos y latidos lejanos como el sol pero cercanos como el viento, que te susurra al oído y te hace sonreír. Evadir por evadir, correr sin oír, caminar hacia atrás, cantando bajo las colchas con los ojos bien cerrados.-

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